Utopía en Ecuador

"En temas de política no hay como darle consejos al Gobierno pues le va bien y no los
necesita, pero con la oposición es otro el cantar. No logran contextualizar el presente ni
establecer escenarios para el futuro, salvo en lo personal. Son excluyentes, lo saben todo y
solo aspiran a ser electos; mucho más, si se cobijan bajo el ala del espejo y el coro de los
acólitos. En estas condiciones el triunfo de la reelección es seguro y con suerte -ante tanta
dispersión- con abundancia de votos. Por tanto, apelando al derecho consagrado en la
Constitución del Buen Vivir, se puede ejercer la utopía, que incluye la posibilidad de
proponer adefesios. Por eso propongo -sin la responsabilidad de ninguna autoría
coadyuvante, pues juro que he elaborado este artículo solo-, un acuerdo utópico para las
desorientadas filas opositoras, con el fin de que rompan la burbuja egocentrista que las
consume y hagan un ensayo político que demuestre que en la política también existen
valores, principios y objetivos comunes. Esta lectura es censurada, por obvias razones, para
los de Ruptura 25. La propuesta consiste en que ciudadanos de vocación política definida,
de presencia y prestancia pública, de ejercicio pasado o y buenas posibilidades futuras,
logren
un acuerdo en el cual convoquen a elaborar un proyecto político alternativo y, bajo
juramento, renuncien a ser candidatos presidenciales para el 2013. Que compitan
desaforadamente para curules en la Asamblea Nacional, en las alcaldías, prefecturas,
concejalías, consejerías, juntas parroquiales; pero por esta vez, no para la presidencia
aunque de esa concertación se escoja a un competidor para en la próxima contienda. Una de
las prácticas políticas que poca resonancia ha tenido en América Latina es la del PRI de
México. Se lo ha estudiado por su dilatada presencia en el poder, de muchos actos contrarios
a la moral pública y de represión, pues lo de Tlatelolco no debe archivarse en la memoria.
Sin embargo, en ese partido, surgido de los escombros de la revolución agraria mexicana, se
concibió un antídoto muy eficaz contra la brujería del caudillismo como es la no reelección.
En su período, el presidente podía hacerlo todo, menos perpetuarse. Un secreto mexicano
como el tequila y el mole poblano. De esa experiencia es posible comprender que el mal de la
reelección es similar al de las múltiples opciones cuando de elegir presidente se trata en el
Ecuador. Por eso, proponer a varios selectos personajes que renuncien a su legítima
ambición sin posibilidades y repitan el ejercicio mexicano de buscar a un ‘tapado’ que jure
no reelegirse es muy difícil; además, una falta de respeto. Si la propuesta no es considerada y
la ansiedad abruma a los postulantes y seguros perdedores del 2013 se recomienda para
paliar la culpa del egoísmo, la lectura de ‘De Optimo Republicae Statu deque Nova Insula
Utopia’ de Tomás Moro."
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